Sunday, December 07, 2008, posted by Nemesis at 2:34 PM

Ya el hombre de las cavernas se preguntaba "¿ldkjvkabsdfvb?", lo que se traduce a "¡Oh!, dioses del trueno, del agua y del fuego, dadme la posibilidad de la comprensión; dadme el poder infinito del entendimiento y dejadme descifrar las palabras de mi bella compañera de cacerías, que día a día me habla con más cariño. Dadme el poder de la sabiduría; ¿¡por qué si me quiere tanto ha estado con todo otro hombre de la manada y excepto conmigo!?" (Sí, los hombres de las cavernas se caracterizaban por una gran economía de recursos lingüísticos, algo que les permitía decir mucho con pocos fonemas).
Uno de los clichés más grandes de la vía láctea afirma que las mujeres y los hombres no se entienden, que ambos provienen de una constelación diferente de la galaxia, y que la construcción cerebral de ambos es tan, pero tan diferente que de acuerdo a las probabilidades matemáticas de los científicos del mundo más respetados la raza humana debería haberse extinguido inmediatamente después de su separación evolutiva de los monos. Tratar de analizar todos los motivos de diferencia, disputa y desentendimientos entre los géneros ocuparía más de ochocientos volúmenes de tres mil páginas cada uno, y por ende, tendremos que limitarnos a solo un punto de análisis: el cariño de las mujeres.
Ya nuestro amiguito cavernícola tenía problemas para entender a su compañera de cacerías. Es increíble que el tiempo pasó y después de tantos miles de años, el problema persiste. Un hombre es incapaz de diferenciar entre una mujer que le tiene cariño y otra que le tira onda. Ante mensajes (repetidos) de buena onda y de compañerismo, el hombre transgiversará el significado y añadirá un plus, que en general es "esta mina me tiene ganas".
¿Cuántas relaciones entre compañeros de oficina terminaron muy mal por un malentendido el desciframiento del mensaje? ¿Cuántos cliché-man transformaron una buena onda femenina en la "oportunidad" perfecta para salir -eufemismo de garchar- con una mujer casada? ¿Cuántos chicos de colegio se deprimieron cuando la "chica que les tenía onda" (léase: le tenía cariño) empezó a salir con...el capitán de football americano (!)? ¿Cuántas veces se peleó superman con batman por la mujer maravilla, que se "les insinuaba" (palabra de superhéroe) cuando en realidad tan solo los apreciaba como amigos?
Y debe aclararse que la culpa no es de la mujer. Para nada. Tampoco del hombre. En este universo de malentendidos no hay culpables. Solamente hay un gran desconocimiento por parte de ambos del funcionamiento de la psiquis del otro. Tal vez no haya una solución total posible -después de todo si todos nos entendiéramos perfectamente desaparecerían los matices que nos convierten en humanos y enriquecen la experiencia cotidiana-, pero si hay un posible esbozo a la comprensión del otro.
 
Wednesday, December 03, 2008, posted by Nemesis at 6:11 PM
John Keats

Tú, todavía virgen esposa de la calma,
Criatura nutrida de silencio y de tiempo,
Narradora del bosque que nos cuentas
Una florida historia más suave que estos versos.
En el foliado friso, ¿qué leyenda te ronda
De dioses o mortales, o de ambos quizá,
Que en el Tempe se ven o en los valles de Arcadia?
¿Qué deidades son esas, o qué hombres? ¿Qué doncellas rebeldes?
¿Qué rapto delirante? ¿Y esa loca carrera?
¿Quién lucha por huir?
¿Qué son esas zampoñas, qué esos tamboriles, ese salvaje frenesí?

Si oídas melodías son dulces, más lo son las no oídas;
Sonad por eso tiernas zampoñas,
No para los sentidos, sino más exquisitas,
Tocad para el espíritu canciones silenciosas.

Bello doncel, debajo de los árboles tu canto
Ya no pedes cesar, como no pueden ellos deshojarse.
Osado amante, nunca, nunca podrás besarla
Aunque casi la alcances, mas no te desesperes:
Marchitarse no puede aunque no calmes tu ansia,
¡Serás su amante siempre, y ella por siempre bella!

¡Dichosas, ah, dichosas ramas de hojas perennes
que no despedirán jamás la primavera!
Y tú, dichoso músico, que infatigable
Modulas incesantes tus cantos siempre nuevos.
¡Dichoso amor, aún más dichoso!
Por siempre ardiente y jamás saciado,
Anhelante por siempre y para siempre joven;
Cuán superior a la pasión del hombre
Que en pena deja el corazón hastiado,
La garganta y la frente abrasadas de ardores.


Éstos, ¿quiénes serán que al sacrificio acuden?
¿Hasta qué verde altar, misterioso oficiante,
llevas esa ternera que hacia los cielos muge,
los suaves flancos cubiertos de guirnaldas?
¿Qué pequeña ciudad a la vera del río o de la mar,
alzada en la montaña su calma ciudadela
vacía está de gentes esta sacra mañana?
Oh diminuto pueblo, por siempre silenciosas
Tus calles quedarán, y ni un alma que sepa
Por qué estás desolado, podrá nunca volver.

¡Ática imagen! ¡Bella acritud, marmórea estirpe
de hombres y de doncellas cinceladas,
con ramas de floresta y pisoteadas hierbas!
¡Tú, silenciosa forma, tu enigma nuestro pensar excede
como la Eternidad! ¡Oh fría pastoral!
Cuando a nuestra generación destruya el tiempo
Tú permanecerás, entre penas distintas
De las nuestras, amiga de los hombres, diciendo: “La belleza es
verdad y la verdad belleza”... Nada más
Se sabe en esta tierra, y no más hace falta.

Traducción de Julio Cortazar.