
Cansancio me condujo
el sueño se apoderó
y no abatió mi cuerpo.
interiores pero fui derrotado
por el monstruo de cuatro patas,
moribundo y hambriento.
Deboró mis ojos y me
obsequió las tinieblas.
Pude ver con más claridad.
Madame Sosístrato me había advertido con sus cartas de tarot
de la presencia de la Bestia y del infierno en la tierra. Me dijo: la verdad nadie sabe
pues el infierno no existe; vivimos en el averno y convivimos con demonios.
más horribles que aquel ser antropomórfico que me sacó los ojos.
La tierra árida lloraba sangre y escupía baba de fuego que calcinaba las lilas de los campos floreados.
pero no moría, tenía el privilegio de
observar
la destrucción y la putrefacción.
Los entes fantásmagoricos caminaban con grilletes en los pies
encadenados
y derramando lágrimas de dolor por su encarcelación y
caminaban en circulos, miles, millones, alrededor de un obelisco
gigantesco y amorfo.
La esclerótica de sus ojos era negra,
pues la oscuridad ya los había absorbido.
y ciego ciego ciego camino sobre las cenizas
mis pies lacerados piden piedad
pero sigo sin saber exactamente hacia donde,
guiado sólo por las almas de la oscuridad.
con la masamune pienso defenderme
y el león gigantesco
envuelto en murciélagos y
cubierto de babosas de ácido
recorre el desierto a la velocidad de la luz.
Se detiene a mi lado y me susurra con rugidos
Me niego a obedecer el mandato
y
la masamune trata de cortar
el pescuezo
del león. Su velocidad excede
la velocidad de la espada.
Puede haber solución,
puedo alcanzar la liberación,
puedo anular la misión,
puedo recuperar la visión?
Estoy ciego mas puedo ver; frío en
el verano más caluroso; el fuego
me congela los pies y
llagados mis labios perciben
el dulce aroma
de la
desolación.

