
Sobre la autora: Zarminae Ansari es graduada del Instituto de Tecnología de Massachusetts (Massachusetts Institute of Technology o MIT). En el mes de Enero allí se realiza lo que se denomina IAP, Independent Activity Period (Periodo de actividades independientes) durante el que se dictan numerosos cursos, clases, conferencias y otras actividades opcionales.
Durante el IAP del año 2000 la autora ve un curioso cartel que le llama la atención: un curso de técnicas de respiración.
Sobre Némesis: Durante el mes de Abril del año 2010 llegué medio queriendo, medio de casualidad, al curso de respiración. Buscando opiniones y vivencias sobre ese curso luego de haberlo terminado, di a parar con un artículo publicado en The Tech, el periódico del MIT. Aunque el curso no fue 100% como el de Zarminae Ansari, su redacción de las vivencias del curso me pareció muy superior a lo que yo trataba de plasmar en un texto similar y por eso tomé la decisión de traducir el artículo original. Zarminae Ansari me dio el permiso de publicarlo en el blog.
Al caminar por el corredor interminable leyendo folletos, me maravillé, como de costumbre, con la variedad y la rareza de algunos de los cursos que se ofrecían. En ese momento, un folleto me llamó la atención. El curso tenía como título ambicioso "El arte de vivir" y parecía ser sobre técnicas de respiración de yoga. No sabía mucho acerca del yoga, salvo que era bueno para la flexibilidad, que tenía miles de años, y que involucraba contorsionar el cuerpo con posiciones aparentemente dolorosas y que tenían nombres exóticos como el perro cara abajo, la cobra y el saludo al sol. Como también sabía que las clases de yoga de la zona no eran muy baratas, me di cuenta de que un curso gratis IAP podía ser una manera de introducirme al yoga.
Clase introductoria, 19 de enero.
Apurada después de un día estresante de trabajo, de gimnasio, de subirme al colectivo T y hacer combinación con el colectivo Número 1, me bajé en el MIT y llegué corriendo al lugar en donde se daba la clase. Llegué tarde, estaba cansada y estresada.
Había tres coordinadores: Janael, una mujer elegante, de voz suave, con un rostro hermoso, de apariencia dulce y un acento difícil de ubicar. Kamlesh, de la India, con mechones largos y enrulados y una barba que le cubría casi toda su cara. Eng-an, una mujer joven, vivaz y linda de Argentina, pero de ascendencia Asiática, lideraba la clase de forma animada.
Recién había empezado a presentar el concepto detrás de la respiración de yoga. Los seguidores creen que el 90% de las toxinas (y esto incluye el estrés) se pueden expulsar del cuerpo a través del uso correcto de la respiración. Normalmente usamos solo 30% de nuestra capacidad pulmonar. La clase empezó a practicar la respiración imaginando un globo que se inflaba en nuestro estómago mientras inhalábamos, siendo conscientes de no elevar nuestros hombros mientras respirábamos profundamente.
Luego, Eng-An nos presentó la "Respiración Ujjayi" (la respiración de la victoria), que usaríamos con frecuencia durante el curso. Es difícil de describir, pero hacía un sonido áspero con la parte de atrás de nuestras gargantas, el cual era extrañamente relajante. Terminamos la sesión con meditación. Asistir al curso la semana siguiente significaba un compromiso temporal de dos a tres horas todas las noches, lo que me dejó algo inquieta. Sin embargo, me di cuenta de que estaba increíblemente desestresada y energizada, y por eso decidí comprometerme.
Lunes, 24 de enero.
Uno de mis compañeros de casa y tres de otros amigos decidieron asistir al curso conmigo. Había alrededor de 30 o 40 personas la primera sesión. La primera cosa que nos pidieron fue ponernos una etiqueta con nuestro nombre y luego ir y darnos las manos con todos en la clase y decir "Te pertenezco". Todos parecían sentirse ridículos haciendo esto, y terminaron avergonzados y riéndose con timidez mientras decidíamos seguir la corriente. Al final del ejercicio decidí que no volvería. Como lo dijo un amigo, el curso era demasiado "Verde naturista".
Luego nos pidieron escribir todo lo que nos estresaba en nuestra vida y cuáles eran nuestras expectativas del curso. Eng-An nos dio una pequeña charla y nos explicó el significado detrás de las declaraciones del estilo de autores Indios como Deepak Chopra como "Las expectativas reduce la alegría" y "El momento presente es inevitable".
Ella explicó que el Prana es la fuerza de la vida y la energía que nos rodea. Hay ciertas cosas que reducen el prana y nos pidieron evitar esas cosas durante los próximos días. Esto era: carne, alcohol, comidas congeladas y enlatadas, hongos, cebolla, ajo y berenjenas. Para elevar el prana bueno tendríamos que tener una dieta vegetariana, dormir lo suficiente y tratar de expulsar los pensamientos negativos.
Los tres centros de la respiración representaban a los tres Dioses Hindúes. Brahma está en la base del estómago y representa el centro de la creación y la procreación. Vishnu está en el corazón y se ocupa de las emociones. Shiva, en la mente, es la diosa de la destrucción, porque es la mente con la cual uno podría destruir cualquier cosa.
Lo siguiente que hicimos fueron los ejercicios, como antes, me sentí tranquila y desestresada. Por eso decidí seguir todo el curso. Mis amigos y yo hicimos un viaje apurado y desesperado al supermercado porque nos dimos cuenta de que todo lo que había en nuestra heladera era "prana malo", y compramos toda hojita verde que encontramos.
Viernes, 25 de enero.
Como tuvimos que comprar y después cocinar nuestras hojitas verdes, me sentía realmente cansada debido al prana malo producido por un mal sueño. Hicimos más de lo mismo pero esta vez con música, cánticos y otra pequeña clase en la que se explicó la existencia del sonido "Aum" en cada cultura.
Luego tuvimos un debate sobre la importancia de aceptar a todos como son sin proyectar en ellos las propias expectativas que deseamos porque conduce a la desilusión en las relaciones. Lo que siguió fue un ejercicio interesante en el cual debíamos elevarnos mutuamente el nivel de entusiasmo y energía: compartimos nuestros sueños y aspiraciones más alocados con un compañero, quien se suponía que debía reaccionar con un gran -si era necesario falso- entusiasmo y alentarnos. Era entretenido; todos sabíamos que exagerábamos nuestra emoción y apoyo a algunas ideas, pero fue interesante que todos nos sentímos realmente bien luego de hacerlo. Pensaba que practicaría esto con mis amigos que no estaban presentes y tomé la resolución de nunca tirar abajo las ideas de nadie de nuevo sin importar qué tan tiradas de los pelos podían sonar. Como lo dijo Eng-An, la mayoría de las personas saben cuáles son las ideas que son imposibles o poco practicas, pero algunas veces uno necesita un oído amistoso que escuche y acepte lo que uno diga.
Miércoles, 26 de enero.
En esta sesión aprendimos sobre el uso de la respiración para eliminar el enojo, la ansiedad y el desagrado.
Otro acontecimiento interesante fue hacer los ejercicios de respiración, el "Sudarshan Kriya", con el sonido del gurú Sri Sri Ravi Shankar en casette que terminó con un estado meditativo profundamente relajante. Cuando salimos de ese estado me sentí como si hubiera tenido una siesta deliciosa. Todos compartieron sus experiencias, que produjeron una gama de emociones. Yo solo sentí un estado físico relajado en el que casi sentía como si estuviera flotando mientras yacía en el piso con los ojos cerrados.
Jueves, 27 de enero.
Hicimos el "Sudarshan Kriya" con y sin el cántico del casette para poder replicar el ejercicio en casa. Para mí esta sesión no fue tan impresionante como la del día anterior. La razón fue que mientras las personas perdían sus inhibiciones y se reían en voz alta o gritaban, yo seguía saliendo del estado meditativo profundo en el que me encontraba, o me distraía porque seguía preguntándose qué era lo que decían. Supongo que con práctica, uno tal vez pueda ignorar todos estas interrupciones, pero yo solo era una novata y alguien gritando "¡Sí, Sí!" me traía a la mente todo tipo de pensamientos que nada tenían que ver con el Yoga.
Viernes, 28 de enero
Nos habían dado "tareas para el hogar" todos los días. Por ejemplo, pensar en una pregunta filosófica o personal en particular. Nuestra tarea del día de hoy era practicar los ejercicios de respiración por nuestra cuenta antes de venir a la sesión de la noche.
Ojalá hubiera podido hacer las prácticas, porque aquellos que las hicieron sentían que habían alcanzado un "trance" aún más profundo. La cosa que más me voló la cabeza del curso ocurrió en los últimos dos días. Nos sentamos uno en frente del otro. Nos dijeron que nos veamos a los ojos. Yo pensé que esto se encontraba ahí arriba con las cosas raras que habíamos hecho hasta ese momento. La primera persona que tuve que mirar fue una persona a la que ni siquiera le había hablado en el curso.
A decir verdad, al comenzar yo me sentía hostil. También pude ver tanto la intimidación como la inseguridad en los ojos de él. Luego nos dijeron que cerráramos los ojos para luego abrirlos y mirar a la persona de nuevo. Esto ocurrió tres veces mientras Eng-An, en una voz relajante, nos pidió que aceptemos a la personas como son. Lo hice. Luego nos pidió que imaginemos a la divinidad en la forma de la persona que estaba en frente de nosotros y que ahora aceptemos a esa persona. Ambos lo hicimos. De repente, me llegó. Nuestras expresiones habían cambiado: podíamos ver la amistad en los ojos del otro y una sensación de unión con este extraño que ya no era más un extraño. Había escuchado que los ojos son las ventanas al alma, tal vez este es el motivo por el cual me sentí tan vulnerable al principio y tan cercana más tarde. Pero lo que era más impresionante fue el poder de la visualización.
Como una musulmana y como alguien que se ha interesado en leer la interpretación esotérica del Islam, me encontré a mi misma en un dilema extraño. Una parte de mi estaba segura de mi fe y hallé en esto otra forma de tomar conciencia de Dios. Otra parte de mi tenía la imaginación más alocada y las teorías conspirativas pasaban por mi cabeza. Al mismo tiempo había un pensamiento pakistaní colectivo que me hablaba de algún lado y me decía "¿Qué demonios hacés asistiendo a este curso?
En el Islam, especialmente en su forma esotérica "Sufi" se habla de la existencia de la divinidad en cada persona y cosa. Lo había entendido pero nunca me había dado cuenta de ese concepto hasta ese día. Uno tenía que eliminar todas las ideas preconcebidas, estereotipos, hostilidades, y miedos, e imaginar la divinidad en la otra persona.
Seguí haciendo el ejercicio con unos pocos extraños más, curiosa de ver mi reacción cuando me sentara en frente de un amigo. Ritu, quien había obtenido un doctorado del departamento de Historia, Teoría y Crítica de la Arquitectura poco tiempo atrás y a quien respeto y admiro por su rigor intelectual, fue esa amiga. A ambas nos sorprendió lo cercanas que nos sentíamos al final del ejercicio. Al final de la clase, compartimos regalos que habíamos traído y nos pidieron ir por todo el lugar repitiendo el ejercicio con el que habíamos empezado.
O sea, decir "te pertenezco" a todos los demás. Esta vez no nos avergonzamos. Además entendimos el significado más profundo de esta frase excéntrica que previamente no había tenido significado. Pero yo seguía siendo una musulmana, una persona más tranquila, menos estresada y no una conversa a un culto, como había temido en secreto.
